La educación, Conocimiento y el trabajo.
La educación en la modernidad ha impulsado, sin lugar a dudas, la idea de un éxito individual como logro atado al compromiso del sujeto con la adquisición de saberes en escuelas, colegios y universidades que se consideran espacios públicos. La relación educación/trabajo,educación/empleo, el ascenso y la movilidad social asume un claro corelato con el mandato de la educabilidad como aseguradora de un porvenir que actúa con la certeza que da paso a la inclusión social. Es más, se crea la ilusión entre los estudiantes que, de compartir esta manera de pensar, pueden contribuir al desarrollo de una sociedad más igual y más justa.
Este pensamiento en torno a la educación se distancia de aquella visión tradicional, conservadora donde “el educado”, condición existente aunque no necesaria para todos, era aquel sujeto considerado en su pasividad, en su falta de ingerencia acerca de lo que recibe y guarda para la ocasión que demande ser exhibido. El patrón civilizatorio moderno se nutre de la necesaria homogeneidad encubridora de los conflictos y se sostiene en mitos (“el mito del derecho de todos a la educación”, “el mito de la propiedad privada como fundamento del desarrollo de la persona”, “el mito de que la rebelión del pueblo es un pecado contra Dios”, etc.) que han demostrado, aunque no en su totalidad, construir una realidad sobre la cual no se reflexiona sino que está para ser aceptada como tal. (Freire, 1970)
Para estos jóvenes la educación y la universidad pública y gratuita se constituyen en proveedoras de la posibilidad de progreso e inclusión social. Esta idea tiene un carácter más individual en los más jóvenes y en los mayores de 30 años asume un sentido social. Cierto esencialismo pedagógico cobra expresión en las narrativas de los jóvenes, diluyendo el sentido de historicidad; y fortaleciendo el voluntarismo pedagógico que ciñe con fuerza la educación al progreso. Los jóvenes sobrellevan los despojos de una sociedad que las políticas neoliberales hicieron crecer como sustento sólo de unos pocos. No obstante, son también ellos quienes expresan, aún en condiciones de empobrecimiento, desempleo, y trabajo flexibilizado, la necesidad de impulsar proyectos, que se encuentran íntimamente vinculados a la prosecución de estudios Superiores en una universidad pública y gratuita. Las huellas de la modernidad se pueden reconocer a través de sus narrativas, para quienes “la educación es motor de desarrollo y de progreso individual y social.”
Este pensamiento en torno a la educación se distancia de aquella visión tradicional, conservadora donde “el educado”, condición existente aunque no necesaria para todos, era aquel sujeto considerado en su pasividad, en su falta de ingerencia acerca de lo que recibe y guarda para la ocasión que demande ser exhibido. El patrón civilizatorio moderno se nutre de la necesaria homogeneidad encubridora de los conflictos y se sostiene en mitos (“el mito del derecho de todos a la educación”, “el mito de la propiedad privada como fundamento del desarrollo de la persona”, “el mito de que la rebelión del pueblo es un pecado contra Dios”, etc.) que han demostrado, aunque no en su totalidad, construir una realidad sobre la cual no se reflexiona sino que está para ser aceptada como tal. (Freire, 1970)
Para estos jóvenes la educación y la universidad pública y gratuita se constituyen en proveedoras de la posibilidad de progreso e inclusión social. Esta idea tiene un carácter más individual en los más jóvenes y en los mayores de 30 años asume un sentido social. Cierto esencialismo pedagógico cobra expresión en las narrativas de los jóvenes, diluyendo el sentido de historicidad; y fortaleciendo el voluntarismo pedagógico que ciñe con fuerza la educación al progreso. Los jóvenes sobrellevan los despojos de una sociedad que las políticas neoliberales hicieron crecer como sustento sólo de unos pocos. No obstante, son también ellos quienes expresan, aún en condiciones de empobrecimiento, desempleo, y trabajo flexibilizado, la necesidad de impulsar proyectos, que se encuentran íntimamente vinculados a la prosecución de estudios Superiores en una universidad pública y gratuita. Las huellas de la modernidad se pueden reconocer a través de sus narrativas, para quienes “la educación es motor de desarrollo y de progreso individual y social.”
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